31/12/07

Casos

Había una vez un hombre que veía todo como entre rejas. Unas extrañas líneas cruzaban sus ojos verticalmente, y no le permitían ver correctamente las cosas.

Pero para el hombre, que siempre vio así, era normal y no se lo cuestionaba.

Un día este hombre mató a alguien, y lo pusieron en la cárcel.

Y desde ese día se empezó a preocupar, porque cada cierto tiempo, cuando su vista extrañamente coincidía, las rejas de la celda ocupaban el campo visual de sus ojos, y el hombre pensaba que estaba quedando ciego.

21/12/07

Crímenes

"¡Ah! Yo no soy más que un gusano atiborrado de estética. Sí, un verdadero gusano y nada más".



Somos un puñado de escusas y justificaciones para lo que hacemos.
¿Cuándo será el momento en que podamos, de pie y con mirada firme, enfrentar con humildad y sinceridad los actos que efectuamos, sin esconder el rostro?
Cuando dejemos ir de nosotros el alto y no razonable concepto que tenemos de nosotros mismos, que abrazamos casi con cariño cada día, y nos pongamos en el lugar que nos corresponde: no somos perfectos.
Reconocer. Es indispensable reconocer de dónde viene la bondad, y de dónde la maldad.
Entonces, podremos disfrutar de la vida, en plenitud, y no sentirnos culpables de ser tal cual somos.
En la mucha culpa hay mucha soberbia.

8/12/07

Vida

Vamos muriendo con cada día que pasa.

Envejecemos, pero seguimos siendo los mismos. Transcurre el tiempo sin detenerse. Los días no esperan a que nos pongamos de pie. Simplemente pasan, y vamos corriendo a la par, mirando hacia atrás y a veces hacia adelante, pero siempre sujetándose el sombrero para que no se vuele.
Los acontecimientos son simples anécdotas. Los recuerdos se van borrando, pero dejan huellas en los ojos.


La vida es el momento de estar solo, y saber estarlo en compañía de otros.
Pero la esencia solitaria del ser nada puede cambiarla. Somos uno y nada más.
Uno frente al mundo, uno frente a Dios.

En nuestro caminar, vamos aprendiendo a desprendernos de todo. A no aferrarnos a los momentos que más nos gustan, y tampoco a los que menos. 
Mucha gente entra y sale de nuestra vida. Entra y sale.


En cambio, sostendremos bien firme en la mente y aún más en el corazón, que solo hay una cosa digna de ser retenida con todas las fuerzas. Una sola cosa que da sentido a los momentos, a la solitarieidad y al hecho de seguir manteniendo la esperanza. 

Las cosas innecesarias vamos soltando. Los detalles nos revelan grandes verdades, pero incluso los detalles vamos dejando atrás. Las ilusiones, los sueños, los planes, cúmplanse o no. Amigos, parientes, amores. Carácter, emociones, pensamientos. 

Desprenderse, desprenderse.
Y con el desprendimiento, descubrir.


Descubrir que todo permaneció extrañamente ahí, que nada desapareció en el vacío.
Descubrir que sin darnos cuenta hemos sido construidos de las maneras más insólitas e increíbles.
Que hemos sido moldeados, con lágrimas, con sangre. Que hemos sido formados para calzar perfecto en el puzzle. Que a pesar de todo, estamos sonriendo.


Los días pasan
y con ellos vamos naciendo.

3/12/07

Amusia

Es distinto no tener un don, que tener un anti-don.
Y eso le pasa a Fermín.

Digámoslo así: no es, precisamente, un agrado escucharlo cantar.

No, por favor, cállenlo.
Es que es imposible pensar cuando Fermín se pone a cantar.
Es insopor.
Peor que escuchar una canción de la nueva ola.
O que sentarse a escuchar una predicación en el paseo ahumada.

Es una tortura china, pero si permaneces a su lado cuando canta,
es un suicidio.

Qué manera de no-cantar, el pobre Fermín.
En verdad conmueve, si lo miras de lejos, y no alcanzas a escucharlo.
Pero si lo escuchas, lo único que deseas, y sin dudarlo,
es matarlo.