29/9/07

Volar no es humano

Disfrutó el viento en su cara.
El día estaba tibio, lo recordaría el resto de su vida.

Por primera vez sintió la certeza de un claro futuro,
acercándose,
inevitable,
veloz.

Las lágrimas (por fin) quedaban atrás;

Una gota

Otra gota

Y otra.

Era el momento. Su momento.
Jamás volvería a vivirlo.

Sobre su cuerpo inerte cayeron tres gotas.

27/9/07

Ternura

Te regalo las patas de una hormiga y la baba de la babosa más grande del mundo
Y cuatro alas de una libélula

Libélula malvada pero libélula azul  

Azul como yo, azul como tú.

Te regalo una casa en la luna, que rebota para siempre, rebota
Como una pelota de burbuja rebota en la luna y es de día allá
Y acá es de noche

No hay luna, es oscuro 

Oscuro como tu, oscuro como yo.

Y las estrellas adornan como cabecitas degolladas y sonrientes
transfiguradas y muy bonitas las estrellas-cabezas
les haré muchos peinados

Peinados enredados

21/9/07

Las risitas de la muerte

Son quisquillosas y agudas.
Apenas audibles, pero irritantes, molestosas.
No tiernas, falsamente inocentes, oscuras pero con disimulo.
Son las risitas de la muerte.

Son perpetuas. Como la conciencia. Nos persiguen.
No alteran el orden de las cosas, son pacientes.
Su larga espera y contemplativa, siempre llega a un fin victorioso.
Las risitas de la muerte siempre se ríen mejor.

Hay solo un ruido que no nos permite escuchar su advertencia.
Si no fuera por ese ruido molesto, podríamos poner atención a su existencia, y estar alertas.
No perderíamos el tiempo.
Pero el corazón suena muy fuerte y la vida no parece que se acabara.
Cuando ya no haya latidos, podremos escucharlas, juguetonas, traviesas, las risitas.
Ahora un poquito más fuerte, no hay vuelta atrás, no hay otra posibilidad.
Las risitas de la muerte siempre ganan.

Urban-Trekking

De todos los deportes que uno inventa, creo que mi preferido es el urban trekking.

Un amigo, un tema de conversación, y una mochila, es todo lo que necesitas para practicar este entretenido y gratuito deporte. 

Empiezas en el punto de encuentro, y luego te lanzas a caminar sin rumbo, sin tiempo, por las calles que te llaman. Te dejas llevar por las curvas, los pasajes escondidos, las calles desconocidas, las plazas, los parques.

Es otro mundo el de las ciudades a pie, y Santiago es una ciudad espectacular para explorar. Hay todo un recorrido de parques que lo cruzan, y lugares muy recomendables para visitar: Barrio Brasil, Concha y Toro, la calle Paris, el Santa Lucía, el Parque Forestal, Lastarria, Parque Bustamante, las calles escondidas del interior de Santiago y Providencia, el Parque de las Esculturas, la costanera, y muchos otros lugares.

Claro, el aire no es muy limpio y en ocasiones es un poco bullicioso, pero hay muchos lugares geniales donde reponer energías, cafés, heladerías, y prolongar la jornada por largas e interesantes horas, que pueden complementarse con visitas a tiendas entretenidas de libros usados, de música jazz y clásica, de ropa extraña, y muchas otras cosas inesperadas que aparecen en el camino. 

Lo importante es no tener nada en mente y dejarse sorprender por la vista y por la hora, hasta que un buenas noches termine la sesión y un satisfecho retorno a casa concluya la jornada.

11/9/07

Arrebato nocturno

Luego de dejar todo en su lugar, se propone descansar hasta el día siguiente, aunque todavía queda luz de día. Un par de capítulos se dice a sí misma, sabiendo que verá la temporada completa.

Una vez acostada, mirando el techo -no olvidar: mañana las telas de araña de la lámpara-, no puede dormir. Algo la molesta. Sí, es ese resorte suelto del colchón, el mismo que noches atrás se le había incrustado en la espalda, el mismo que noche tras noche le hace imposible el anhelado descanso.
Lo que está a punto de pasar ahora no es tanto un plan como un arrebato proveniente de algún lugar bien oculto tras sus sonrisas sociales sobre-ensayadas.
Levantándose de su cama, lamenta su suerte. Saca el colchón, lo arrastra con todas sus fuerzas hacia el comedor. Llevándose las manos a la cabeza, otra vez lamentando, y casi llorando por no estar ni dónde ni cómo ansía, trata de concentrarse. Algo hay que hacer con el colchón. ¿Qué se hace con un colchón viejo?
Ya sea por la rabia o por el sueño, piensa que no tiene otro remedio que tomar una tijera y cortarlo en muchos trozos, pero la idea de verse patéticamente arrodillada sin lograr cortar ni un centímetro de la gruesa capa, eleva su furia a niveles estratosféricos.
No sin antes descargar contra el susodicho toda su ira, enterrando perversas estocadas y arañando, golpeando con puños, y tirando todo lo que está al alcance de los brazos, se dispone a comenzar la 
triste tarea de trozar el colchón. (Hay que reconocerle su innato talento para el drama).
Luego de los incontables y vandálicos destrozos -que más tarde lamentará con lágrimas-, la tarea le parece placentera, y debido a su característica sensibilidad a flor de piel, se ríe con malicia al ver el interior del colchón escapándose sin remedio, los algodones, las polillas y un ratón saltando por el comedor, y ahora los resortes,
-malditos resortes-
bailando sin parar,
-malditos, malditos-
oxidados y movedizos, bailando,
-mueran, malditos resortes, mueran-.
No se da cuenta que su comedor es ahora un cajón lleno de algodón, resortes, polillas y un ratón que encuentra divertido saltar sobre un resorte.
Y que mañana tendrá que ordenar.
Y tampoco se ha percatado que su anhelado descanso solo llegará cuando tome las llaves, saque el dinero ahorrado por meses en el cajón del velador, y salga a comprar un nuevo colchón, al contado y sin intereses.