30/4/08

Vacíos

Querer salir corriendo.
Corriendo sin detenerse, gritando.
Y sin moverse.
Mirar el techo, las líneas verticales, las horizontales, las sombras como dibujos jugando Momia es en la habitación iluminada por lo mismo que le falta metafísicamente hablando.
Pensar como en reversa, no avanzando ni siquiera para atrás.
Lógicamente y Razonablemente desaparecen.
Las emociones se divierten como aterradores juegos de niños que dejarían con insomnio a cualquiera. Mutan como las nubes, vagando indefinidas por algún lugar que parece tan alcanzable. Inalcanzable.
Y el cuerpo es tan de carne, tan de hueso.
Un par de bacterias traen a todas sus vecinas de la comunidad y se encargan de borrar rastros.

En un momento, en cualquiera, el que sea, prométeme que siempre, que nada.
Yo te miraré, sin decir lo que quieres escuchar.
En ese momento sabré que todo lo que pensé era cierto.

Lo que eramos ayer, no seremos mañana, y lo que somos hoy, apenas alcanzamos a conocerlo cuando no tan solo el hoy es distinto.
El hombre es mutable.

La mejor comunicación es la de los ojos y las palabras juntas.

10/4/08

Viaje increíble

Las seis de la mañana, y ella se apresta a ponerse los zapatos.
Qué fastidio, tiene frío, pero en la tele anuncian 30ºC. Decide vestirse para el frío.

Finalmente se pone botas, esas que le gusta usar una vez al mes.
Una inversión muy poco costo-efectiva. Causar impresión está sobrevalorado.

El frío condensa su aliento como volutas de humo, y eso la conforta. Cierra la puerta con llave, tira el pestillo tres veces para asegurarse, una más por si acaso, y camina apresurada al paradero del bus. El auto vendrá el próximo año.
Viene haciendo ese tipo de juramentos cada mañana durante sus últimos cinco años de vida. Que el auto, que el cambio de trabajo, que la felicidad.
Qué más da, el bus está mágicamente esperando por ella, las puertas abiertas y las caras casi sonrientes de la gente aglutinada en la mañana. Bienvenida realidad. Ve algunas manos pegadas a las ventanas opacas y sucias, y está segura que el conductor se esfuerza activamente por no mover un solo músculo facial al verla entrar.
El calor se hace sentir en el mismo momento en que paga su pasaje, pero el infierno comienza realmente cuando el chofer pone el bus en marcha.
Se provoca tres escalofríos por la espalda, dobla la cabeza con nerviosismo, y fija su mirada en la cara del señor que solo se encuentra a veinte centímetros de la suya. La cara grande y peluda; grande, peluda y además roja, la rojidez de la cara y su brillantez, las gotas que nacen de la frente del señor de cara grande, peluda y roja, las gotas que corren por su propia espalda, las gotas que empañan el bus y que ella no deja de mirar en la frente del señor de cara roja y húmeda, que la observa al mismo tiempo con cara de rana enojada, le saca la lengua y se come la mosca que se posa sobre la punta de su nariz, quien siempre ha odiado las moscas y las ranas y todo lo que tenga que ver con ese tipo de ecosistemas de pantano tropical, donde no caben las botas en punta, ni las carteras de cuero sintético atiborradas de maquillaje monotonal.
Hace crujir sus dientes, quiere aplastar a la rana que la mira con esos ojos tan exageradamente expresivos, carentes de pupila y de color, negros, redondos y huecos. Se da explicaciones a sí misma, que con el auto todo será distinto, que el curso de manejo no cuesta tan caro, que tendrá que salir temprano porque la congestión de vehículos, porque el precio de la bencina, porque...

3/4/08

Yo, por ejemplo

De todas las frases existentes para interrumpir a alguien en su discurso durante un diálogo, ésta es la que me descompone más rápido de todas.
No dan ganas de seguir conversand...
-Yo, por ejemplo (bla, bla, bla)


Y a usted,
¿Quién le preguntó?