No habla mucho, pero tiene una personalidad impresionante frente al espejo durante sus sesiones matutinas, en las que se promete que este día sí, que hoy sí que cruzará la primera palabra con alguien.
Pero no, sus palabras se escabullen de su boca hacia su mente, en donde encuentran una cámara de eco.
Como todos los días, llega a ocupar su modesto asiento. Nadie tiene muy claro lo que hace, pero es eficiente. Sabe hacer bien su trabajo, no pretende ser un grande, no opina, no reclama ni se mete en problemas.
Nadie jamás notaría que en su mente el haría las cosas de un modo totalmente distinto. Se imagina llegando temprano a la oficina, todos los presentes acercándose diligentemente, lo saludan, y él, con una sonrisa de hombre de negocios seguro de sí mismo, saluda por aquí, saluda por allá, unas cuantas señas con la mano, paso seguro, miradas de cortesía que son devueltas con efusividad, y directo a su oficina.
Ahora levanta la vista de la vieja pantalla de computador, y piensa que en realidad no necesita tanto. Quizá su mundo sería mucho más agradable tan solo trasladando su puesto a otro lugar, lejos de esta esquina oscura y húmeda en la que le toca trabajar, la misma esquina rechazada enérgicamente por sus compañeros, heredada por él gracias al conceder de su silencio. Silencio que no se sabe bien si supo guardar en el momento indicado, o no le quedó otra porque las palabras no le salen tan fácil de la boca. Digamos que tiene un pequeño problema disociativo, de ser uno en su mente y otro de carne y hueso que no habla, aunque tiene mucho que decir; no cuenta chistes, aunque se ríe a solas de las situaciones graciosas que inventa; no pregunta, nuevamente, y quizá ya está de más decir, que si se atreviera a plantear sus cuestionamientos el mundo sería un lugar un poquito mejor.
A pesar de todo, se da pequeños lujos que celebra al llegar a su casa de noche. Va al teatro y siente el placer indescriptible de ser el último en terminar de aplaudir, y cuando pasa a tomarse un café en la esquina impresiona al mesero con una propina generosa sacada directamente de su billetera, que deja como si nada sobre la mesa, sin sentirse culpable por este despliegue de bondad que lo dejará sin dinero por el resto de la semana.
21/3/09
13/3/09
Metrópoli
Ausente.
De a poco se hacen nítidas las imágenes en mi retina.
Un punto fijo. Una corbata inmóvil. ¿Azul?
Se mueve, y comienza el recorrido de mis ojos por la acera.
Se acerca, era gris. Sigue, quizás hasta dónde.
Me pareció demasiado apretado el nudo.
Hasta nunca.
Vestido. Terno. Zapatillas. Otras más. Un grupo de amigos que caminan como si nada.
Oriental. Están de moda.
Comienzo a negarlo todo. Al menos eso dirían los que me ven de espaldas,
apoyado como si durmiera en este banquito.
Pero no soy negativo, solo soy curioso y mis ojos siguen los pasos
vanos pasos
curiosos pasos
estresados pasos
enamorados pasos
apresurados pasos
desconfiados pasos
de la gente que camina por este lugar. Nada particular diría esa señora, la de las bolsas.
Pero a mí me gusta que esté junto a esta bulliciosa calle, este ruido de locos,
los árboles, tan desubicados, ahí están.
Lo que debió ser el material, ahora sirve de adorno.
Esa extranjera. ¿Rusa? Haría una buena pareja con el caballero que vende pañuelos a la salida del metro.
Tendrían que romper algunos prejuicios, o mejor, dejar de jugar su papel de estereotipos.
Por ahora, preguntar dónde queda la plaza de armas,
vender un par de pañuelos sin éxito, parece suficiente.
Cuál es el sentido de que vivamos todos juntos en este mismo lugar.
Estemos, no vivamos. Vivir debe ser otra cosa.
Somos una plaguita muy curiosa.
Millones de personas, y al final somos todos iguales.
Ojos cansados. Boca tensa.
Manos tomadas. Manos cerradas.
Esta ciudad avanza, no podría decir muy bien hacia dónde.
De a poco se hacen nítidas las imágenes en mi retina.
Un punto fijo. Una corbata inmóvil. ¿Azul?
Se mueve, y comienza el recorrido de mis ojos por la acera.
Se acerca, era gris. Sigue, quizás hasta dónde.
Me pareció demasiado apretado el nudo.
Hasta nunca.
Vestido. Terno. Zapatillas. Otras más. Un grupo de amigos que caminan como si nada.
Oriental. Están de moda.
Comienzo a negarlo todo. Al menos eso dirían los que me ven de espaldas,
apoyado como si durmiera en este banquito.
Pero no soy negativo, solo soy curioso y mis ojos siguen los pasos
vanos pasos
curiosos pasos
estresados pasos
enamorados pasos
apresurados pasos
desconfiados pasos
de la gente que camina por este lugar. Nada particular diría esa señora, la de las bolsas.
Pero a mí me gusta que esté junto a esta bulliciosa calle, este ruido de locos,
los árboles, tan desubicados, ahí están.
Lo que debió ser el material, ahora sirve de adorno.
Esa extranjera. ¿Rusa? Haría una buena pareja con el caballero que vende pañuelos a la salida del metro.
Tendrían que romper algunos prejuicios, o mejor, dejar de jugar su papel de estereotipos.
Por ahora, preguntar dónde queda la plaza de armas,
vender un par de pañuelos sin éxito, parece suficiente.
Cuál es el sentido de que vivamos todos juntos en este mismo lugar.
Estemos, no vivamos. Vivir debe ser otra cosa.
Somos una plaguita muy curiosa.
Millones de personas, y al final somos todos iguales.
Ojos cansados. Boca tensa.
Manos tomadas. Manos cerradas.
Esta ciudad avanza, no podría decir muy bien hacia dónde.
12/3/09
Definiciones de segundo
El tiempo que pasa mientras se cierran los ojos por última vez en el día.
El tiempo que demora la mano en sentir frío en la nieve.
El tiempo que toma al pie cambiar de freno a acelerador cuando el semáforo da luz verde.
El tiempo que uno se demora en encontrar la luna al mirar por la ventana en la noche.
El tiempo en que es visible una estrella fugaz.
El tiempo necesario para aterrizar en la realidad luego de un sueño extraño.
El tiempo para reaccionar antes de un accidente.
El tiempo que toma acordarse de algo muy sabido pero que no se utiliza cotidianamente.
El tiempo entre nosotros.
El tiempo que toma darse cuenta que se es feliz cuando por fin se es.
El tiempo que permanece pura esa felicidad.
El tiempo que dura el alma en el cuerpo desde que comienza definitivamente a despegarse de él.
El tiempo que demora la mano en sentir frío en la nieve.
El tiempo que toma al pie cambiar de freno a acelerador cuando el semáforo da luz verde.
El tiempo que uno se demora en encontrar la luna al mirar por la ventana en la noche.
El tiempo en que es visible una estrella fugaz.
El tiempo necesario para aterrizar en la realidad luego de un sueño extraño.
El tiempo para reaccionar antes de un accidente.
El tiempo que toma acordarse de algo muy sabido pero que no se utiliza cotidianamente.
El tiempo entre nosotros.
El tiempo que toma darse cuenta que se es feliz cuando por fin se es.
El tiempo que permanece pura esa felicidad.
El tiempo que dura el alma en el cuerpo desde que comienza definitivamente a despegarse de él.
6/3/09
Diálogo sideral
Desde aquí te veo, planeta, arrastrándote lentamente alrededor de tu estrella.
Y tu me ves, me saludas, y mi rápido vuelo te deslumbra. Acompáñame.
Pues, ahí estás, cometa, y no puedo escapar de esta órbita obligatoria,
pero veo tus señas, tu huella, muy cerca.
No me detengo ni me detendré.
En ocasiones te visitaré. Espérame.
Tu paso rompe mis esquemas, mis constelaciones.
Perturbas mi recorrido, mejor márchate.
Ya me voy, volveré. Estaré en otros soles, otros sistemas,
pero aún verás mis huellas, nada cambiará.
Si regresas, estaré pendiente, en el firmamento mi mirada
se mantendrá por los siglos. Cumple tu promesa.
Aunque no lo creas, cumpliré, pues también un camino me obliga.
No soy libre como crees, volveré.
Años luz y retorno. Unión de dos cuerpos celestes.
Nace una estrella que dura un par de minutos terrestres.
Huellas del pasado. Vacío de luz en aquellas órbitas
de planetas imaginados, de cometas infieles.
Y tu me ves, me saludas, y mi rápido vuelo te deslumbra. Acompáñame.
Pues, ahí estás, cometa, y no puedo escapar de esta órbita obligatoria,
pero veo tus señas, tu huella, muy cerca.
No me detengo ni me detendré.
En ocasiones te visitaré. Espérame.
Tu paso rompe mis esquemas, mis constelaciones.
Perturbas mi recorrido, mejor márchate.
Ya me voy, volveré. Estaré en otros soles, otros sistemas,
pero aún verás mis huellas, nada cambiará.
Si regresas, estaré pendiente, en el firmamento mi mirada
se mantendrá por los siglos. Cumple tu promesa.
Aunque no lo creas, cumpliré, pues también un camino me obliga.
No soy libre como crees, volveré.
Años luz y retorno. Unión de dos cuerpos celestes.
Nace una estrella que dura un par de minutos terrestres.
Huellas del pasado. Vacío de luz en aquellas órbitas
de planetas imaginados, de cometas infieles.
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