30/5/09

Coronación

Ver cómo una hormiga corría de un lado a otro del papel, describiendo círculos en su huída desesperada, era una de mis ocupaciones desocupacionales de niño inocente y aburrido. Ahuyentarla con los dedos era el momento de máxima empatía con la hormiga, imaginarse cómo sería si de repente unos dedos gigantes-incomprensibles aparecieran en el cielo, taparan la luz, golpearan con fuerza contra un suelo blanco e interminable y amenazaran con llevarse la vida con un solo toque mágico, imperceptible para la mano, pero fatal para mi pobre cuerpo de hormiga era la esencia misma del ser niño volcada hacia lo imaginario-fatal, ese aspecto del mundo que a ratos carecía de sentido y que, sin embargo, se hacía presente durante el sueño, los juegos tipo si-te-pillo-te-mato, las preguntas sobre el fin del mundo y la muerte.

La sensación de poder se hacía presente ya en mí, niño poco conciente, y mi dedo no aguantaba la tentación de dejar de ahuyentar a la hormiga, para ponerle punto final al asunto y despacharla al cielo-hormiga, dejando una mancha negra e irremovible en el hasta-ahora-y-nunca-más pulcro papel. La crueldad que luego del asesinato me embargaba, no bastaba para detener ese extraño impulso, y ver cómo otra hormiga sometida a la misma presión corría despavorida, ahora sin una pata, ahora sin dos, ahora sin antenas, y escuchando incluso sus pequeños gritos de auxilio y terror, solo lograba aumentar esa capa que se acumula sobre nosotros a medida que crecemos, que nos inmuniza para que todo finalmente tienda a ser mero detalle.

Recuerdo el día de mi coronación, cuando definitivamente asumí el control del mundo: encontré un hormiguero. No contaré lo que sucedió ese día, pero aseguro que hasta el día de hoy es recordado en la comunidad hormiga como el peor día de su historia. Desde ese día que ya no mato hormigas, el peso fue más grande que un dedo-incomprensible sobre el cuerpo de una hormiga.

20/5/09

Reseña a un maestro innato

No enseña. Lo imitamos. No habla, su comunicación no se percibe con los sentidos, viaja invisible por el aire. Se difunde, difumina. Se traspasa energéticamente.
No trata de confundirnos con lecciones vanas, se esmera por hacernos comprender la importancia de mantener en la dimensión desconocida lo desconocido.
Lo suyo es la abstracción máxima, el no tener es lo único que tiene, su mensaje se acota a lo perpetuo, a la mirada en el horizonte eterno, a la reflección sin regreso. Nos llama a aventurarnos en el camino de la apreciación estética del todo, de la nada y de sí mismo. Sobretodo de sí mismo. Nos insta a seguir su ejemplo, a no saturarnos de cotidianeidad, a no pensar en los más pequeños detalles que construyen nuestro universo, y lanzarse en un completo desprendimiento de la más pura razón, en un continuo devenir de ausencias y ecos. Nos enfrentamos a la más completa transfiguración de las ideas, lo sublime se hace presente en cada manifestación artística suya.
Su esencia florece gracias a su innato talento, el cual ha sido clave en el desarrollo de su cosmovisión y estética.
Su filosofía ha estado en el más remoto silencio, no ha sido descubierta aún, pero es cuestión de tiempo para que la bomba estalle, y nos veamos profundamente conmovidos e influenciados por uno de los pensadores contemporaneos más ausentes que la humanidad ha conocido.

11/5/09

Torturas

La tendencia generalizada es a la autoflagelación camuflada, al apretarse concientemente la herida hasta sentir un placer-nervio-dolor, al estrellarse contra el piso, no importa cuantas veces.
No insistamos, el asunto no es comprensible, que eso quede claro, sin embargo todos somos cómplices de nuestras propias torturas, víctimas de nuestros propios impulsos, jueces inoportunos en un tribunal demasiado parcial, injueces sería un término más apropiado, pero el castigo ya está fijado, caso cerrado.

10/5/09

Traumado

nunca
en aquel momento
sería capaz de levantar la cabeza
nunca podría elevar una palabra adecuada
pues no existen palabras adecuadas
ni existen cabezas levantadas
que soporten el peso
de sus propios pensamientos

quisiera correr
en aquel momento
a esconderme detrás de la nada
y esperar que el tiempo pase
hacia atrás
mientras se borran del registro
las desfiguras de la infamia
como si todo volviera a empezar

pero el destino de las oportunidades
no es el mismo que el de las frustraciones
éstas saben llegar al punto
y las otras apenas vieron la luz
se desvanecieron

todo lo que nos va quedando
es el miedo
y una espera que parece interminable
un carbón encendido en los labios
y un paquete con nada en las manos

4/5/09

Ese otoño

Era un paseo como el de todos los lunes.
Hacía frío. Usábamos bufandas.
Me acuerdo que me llevabas de la mano,
yo tan chico, tanto que me da nervio pensar en lo del tiempo,
eso mismo, que pasa rápido, que vuela, como las nubes,
como mi infancia,
como tus ojos brillantes y la vida en tu cuerpo,
y jugaba saltando sobre las hojas,
tan tierno,
y tu tan paciente, tan maternal, sonriendo como nadie supo.