6/4/11

Crítica

Que no me vengan con sus absolutos antiabsolutistas, a mí, que soy un absolutista, no en el sentido monárquico de la palabra.
Que no me encasillen dentro de mis propios paradigmas, ni se atrevan a negar la realidad que existe fuera de cada uno de nosotros.
Podrá alguno argumentar que estoy cegado por mis propias convicciones, determinado por mi propia biología, y quizá que mi ignorancia se desliza tras cada palabra que escribo. Concedo el hecho que mi conocimiento es reducido y casi infinitesimal, que no poseo mucha experiencia y que no he leído la mayoría de los libros escritos en la historia, y si desean, sáquenme del debate y no me escuchen, pero nada de lo que hagan con estas declaraciones podrá cambiar el hecho certero de que el mundo, aunque no se quiera, está fuera del que observa.
Existen los puntos de vista, no existen dos verdades contradictorias al mismo tiempo.

Finalmente, protesto contra cualquiera que argumente que lo útil define lo verdadero, y que, de paso, afirme que los valores absolutos carecen de implicancias prácticas. Si se admite, por un momento, la existencia de la verdad absoluta, entonces ir en su búsqueda será la respuesta natural de cualquier ser humano conciente.
Si se niega, por el contrario, su existencia, entonces, opto por no creer en ningún constructivismo radical y que nadie venga a refutar la realidad que yo mismo he construído en un par de párrafos subjetivos.